Cinco estrategias para sobrevivir a una ruptura amorosa

¿Alguna vez te ha pasado que no puedes parar de pensar en un tema concreto? ¿Crees que tienes que ser el mejor en todo lo que haces? ¿Intentas controlar tu futuro? ¿Tienes algún ritual que te haga serenarte?

Es importante diferenciar la personalidad perfeccionista o anancástica del trastorno obsesivo compulsivo. El primero se caracteriza por la tendencia a dar excesiva importancia al orden, la pulcritud y la organización (Pitoni y Rovella, 2013), junto a conseguir la perfección en todo lo que se propone (Guerra et al, 2020), escrupulosidad por cumplir las normas sociales o morales (Mallinger y De Wyze, 1993), miedo a cometer errores (Frost et al, 1990) y elevada autocrítica interna (De Rosa et al., 2012), entre otros.

Por otra parte, el trastorno obsesivo compulsivo es una condición clínica caracterizada por la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes que se perciben como intrusas y generan un gran malestar (Vellosillo y Vicario, 2015). Por su parte, las compulsiones son comportamientos que se realizan en respuesta a las obsesiones, con el objetivo de disminuir el malestar que les ocasionan (García-Soriano et al, 2008). Ambos resultan claramente excesivos (APA, 2014)

¿Te suena familiar? ¿Te genera malestar esta forma de ser? ¿Intuyes que algún familiar cercano se ajusta a estas características? A continuación, te presento un test que puede ayudarte a discernir los rasgos obsesivos (adaptado de Mallinger y De Wyze, 1993):

  1. ¿Dejas todo para el último momento, debido a la imperiosa necesidad de que esté perfecto?
  2. ¿Te han reprochado alguna vez ser cuadriculado, rígido, puntilloso o exigente?
  3. ¿Es fundamental que las personas de tu alrededor se adapten a tus pautas para realizar una tarea concreta?
  4. ¿Te cuesta tomar decisiones? ¿Tienes dudas o te arrepientes después de haberlas tomado?
  5. ¿Compruebas muchas veces la misma tarea?
  6. Si estás descansando, ¿te sientes culpable al no estar haciendo algo productivo?
  7. ¿Te dejas llevar tanto por la elaboración de los detalles de una tarea, tanto que te incapacite terminarla?
  8. ¿Te sientes particularmente mal al exhibir tus emociones, al “perder el control”?
  9. ¿Sientes inevitablemente que tienes que cumplir lo que te dictan tus normas morales?

Si te reconoces como perfeccionista, te propongo algunas herramientas que pueden ayudarte:

1.  Tomar consciencia de conductas perfeccionistas:

Es complicado distinguir pensamientos que te construyan, te fortalezcan y te cuiden de los que, fuertemente arraigados, son descalificadores o autocríticos. Más que identificar pensamientos, te animo a pensar qué situaciones te hacen sentir malestar: la entrega de un trabajo o proyecto, la percepción de que sus compañeros “no dan la talla” … Será más fácil detectar la narrativa interna que te dices, si tu yo es “exigente o cuidador”. Anota los pensamientos o las frases que te dices y cuestiona su veracidad. Si la temática gira en torno a “no vales para esto”, “nadie puede ayudarme” … ¡probablemente estén desencaminados! Intenta sustituirlos por un

pensamiento más saludable: “equivocarse es natural y de humanos”, “realmente soy así, pero que sea así no me determina a algo”, etc.

2.  Trono de bendiciones

En muchas ocasiones, las personas anancásticas han vivido toda su vida bajo ciertas pautas de actuación, desde un plano más cognitivo o mental. La experiencia de sentirse queridos por las personas más cercanas que te rodean es determinante. Una estrategia para romper con la culpabilidad o la carencia de valía podría ser pedirle a tu madre, padre, esposa, hermano o hijo una carta en la que expresara por qué eres importante para él.

3.  Disminuir los niveles de ansiedad

Inevitablemente, cuando estamos ante una situación que nos amenaza o causa estrés, los niveles ansiosos se disparan. Es importante poder gobernar (que no controlar) esta ansiedad. Te propongo realizar un ejercicio de relajación. Después de elegir un lugar cómodo y tranquilo, intenta concentrarte en tu respiración durante unos minutos. Este estado emocional te ayudará a afrontar la situación de una forma más asequible.

4.  Manejar los tiempos y objetivos

Teniendo en cuenta la naturaleza de nuestra personalidad, resulta necesario anticiparse a los tiempos de entrega de trabajos o proyectos. El “lo dejo todo para el final, trabajo mejor bajo presión” resulta irremediablemente engañoso. Trata de organizar pautas para abordar tu trabajo con meses de antelación, proponiendo pequeños objetivos realistas. No olvides registrar también los tiempos de ocio o disfrute, necesarios para lograr el equilibrio.

5.  Trabajar el autocuidado

Dedicar algunos “momentos Pantene” al día es un antídoto eficaz para combatir la autoexigencia que muchas veces llevan como lastre las personas con tendencia al perfeccionismo. Dedica unos momentos al día donde puedas disfrutar plenamente de algo que te guste y, a ser posible, exija concentración: leer un capítulo de su libro favorito, pintar mandalas…

Con todo, cabe mencionar que, en la esencia del ser humano, para que pueda ser realmente feliz, necesita trabajar el “yo”. En esta línea, la primera responsabilidad es conocer quién soy. No nos vamos a conocer a nosotros mismos si no es por una decisión personal. Hoy te invito a empezar a “mirar por dentro”, a bucear qué cosas te pasan, cómo las sientes, qué piensas ante lo que te ocurre. Nadie va a poder hacer ese trabajo por ti, es un trabajo que cada uno, en algún momento, tenemos que hacer.

El “yo exigente” tiene unos criterios muy rígidos que obliga “a ir donde él quiere y, si no, te trata mal”. Actualmente, vivimos en una sociedad en la que se presenta un yo que “todo lo disculpa y todo lo alivia”, sin hacer ni siquiera un proceso de reflexión mínimo, de si está bien o está mal, de si es bueno para mí o no lo es. La clave al final es poder desarrollar un “yo cuidador”, que cuando me equivoque sepa serenarme, cuando tenga miedo de mí mismo sepa animarme, cuando tenga dudas sepa reconfortarme. Todo esto tiene que ver con cómo me trato a mí mismo. Te animo a que observes cómo te tratas cuando tienes miedo, cómo te tratas cuando consideras que te has equivocado ante algo. No se trata de alcanzar la perfección, se trata de alcanzar la verdad propia.

Teresa Lozano Antoline
Psicóloga
Consulta de psicología UFV
Universidad Francisco de Vitoria

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

American Psychiatric Association – APA. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, DSM-5. Madrid. Editorial Médica Panamericana

De Rosa, L., Dalla Valle, A., Rutsztein, G. y Keegan, E. (2012). Perfeccionismo y autocrítica: consideraciones clínicas. Revista Argentina de Clínica Psicológica, 21(3), 209-215.

Frost, R.O, Marten, P., Lahart, C. y Rosenblate, R. (1990). The dimensions of perfectionism. Cognitive therapy and research, 14, 449-468.

García-Soriano, G., Belloch, A. y Morillo Prats, C. (2008). Sobre la heterogeneidad del trastorno obsesivo-compulsivo: una revisión. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 13(2), 65-84

Guerra, P., Jines Zurita, E.; Arleth, K., Martínez, P., Brigitte, J., Acosta, S., & Carolina, A. (2020). Dimensiones de personalidad y consumo de alcohol en trabajadores de una empresa de seguridad privada. https://doi.org/10.37135/ee.04.14.03

Pitoni, D., & Rovella, A. (2013). Ansiedad y perfeccionismo: su relación con la evaluación académica universitaria. Enseñanza e investigación en Psicología, 18(2), 329-341.

Vellosillo, P. S. y Vicario, A. F. (2015). Trastorno obsesivo compulsivo. Medicine-Programa de Formación Médica Continuada Acreditado, 11(84), 5008-5014.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *